Aceitunas: ayer postre, hoy aperitivo

No es una expresión que se use con frecuencia hoy en día, pero en textos clásicos, sobre todo del Siglo de Oro, es frecuente encontrarse una cita donde se dice que alguien que “llegó a las aceitunas” para significar que llegó a un encuentro demasiado tarde.

Sin embarga, hoy la expresión serviría para indicar que quien fuera llegó a la cita de forma puntual: las aceitunas se consumen, sobre todo, a la hora del aperitivo. Pero en el siglo XVII se tomaban a los postres, como una fruta más. Que es exactamente lo que son: el fruto del árbol mediterráneo por excelencia, el olivo. Estas palabras, del paleogastrónomo Miguel Ángel Almodóvar, indican los cambios gastronómicos que se realizaron en el s. XIX.

“El pueblo llano bebe vino como alimento, como energético y como medicamento o salvoconducto para sortear las enfermedades. En las clases altas el vino es placer y se cuida tanto la calidad como el esmero en el servicio, lo que no evitará que sus refrigerios con agua provoquen enfermedades y muertes hasta finales del siglo XIX. Acompañando al vino, la gastronomía sufre un cambio radical, especialmente en el orden de cata y en la introducción de nuevos productos: la fruta pasa de bocado anterior a postrero y las aceitunas de final de ágape a llamativo o aperitivo.»

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